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À propos de cette activité
En un charco lleno de flores y libélulas vivía un sapito llamado Pepe. A Pepe le encantaba cantar, pero los demás animales se reían porque su voz sonaba diferente.
—¡Croac, croac! —cantaba Pepe feliz. Los pájaros decían: —Tu canto no es como el nuestro. Los grillos decían: —Tu música suena rara.
Pepe se puso un poco triste, pero no dejó de cantar. Cada mañana practicaba nuevas melodías y hasta inventaba canciones divertidas para acompañar el amanecer.
Un día, mientras cantaba, una niña llamada Sofía que vivía cerca del bosque lo escuchó. —¡Qué canto tan alegre! —dijo—. Parece que el sapito está celebrando la vida.
Sofía comenzó a visitar el charco todas las tardes para escuchar a Pepe. Poco a poco, otros animales se fueron acercando también. La ardilla traía nueces, los pájaros hacían coros y hasta los grillos acompañaban con su ritmo.
Una noche especial, la luna brillaba muy fuerte y todos los animales se reunieron alrededor del charco. Pepe comenzó a cantar con todo su corazón. Su voz se mezcló con el sonido del agua y el brillo de la luna, creando una melodía mágica.
Los animales se quedaron sorprendidos. —¡Qué hermoso suena tu canto, Pepe! —dijeron todos.
Desde entonces, Pepe cantaba cada noche y el bosque entero lo escuchaba feliz. Sofía lo llamaba “el sapito cantante” y todos aprendieron que cada voz es única y valiosa.
—¡Croac, croac! —cantaba Pepe feliz. Los pájaros decían: —Tu canto no es como el nuestro. Los grillos decían: —Tu música suena rara.
Pepe se puso un poco triste, pero no dejó de cantar. Cada mañana practicaba nuevas melodías y hasta inventaba canciones divertidas para acompañar el amanecer.
Un día, mientras cantaba, una niña llamada Sofía que vivía cerca del bosque lo escuchó. —¡Qué canto tan alegre! —dijo—. Parece que el sapito está celebrando la vida.
Sofía comenzó a visitar el charco todas las tardes para escuchar a Pepe. Poco a poco, otros animales se fueron acercando también. La ardilla traía nueces, los pájaros hacían coros y hasta los grillos acompañaban con su ritmo.
Una noche especial, la luna brillaba muy fuerte y todos los animales se reunieron alrededor del charco. Pepe comenzó a cantar con todo su corazón. Su voz se mezcló con el sonido del agua y el brillo de la luna, creando una melodía mágica.
Los animales se quedaron sorprendidos. —¡Qué hermoso suena tu canto, Pepe! —dijeron todos.
Desde entonces, Pepe cantaba cada noche y el bosque entero lo escuchaba feliz. Sofía lo llamaba “el sapito cantante” y todos aprendieron que cada voz es única y valiosa.
Créé par
Cristina Reyes Luna
Peru
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