Clotilde Armenta
¡Virgen Santísima! ¿Nadie va a hacer algo? ¡Los Vicario están ahí afuera con los cuchillos!
Pedro Vicario.
Tenemos que matar a Santiago Nasar para limpiar el honor de nuestra hermana.
Pablo Vicario.
Sí. No podemos echar atrás. Todo el mundo lo sabe.
Cristo Bedoya.
¡Están locos! ¡Voy a buscar a Santiago para avisarle!
Victoria Guzmán.
Ese muchacho no merece morir así… aunque siempre se ha creído mucho.
Divina Flor.
¡Yo lo vi pasar! Estaba blanco como un papel.
Ángela Vicario.
Yo… yo no quería esto. ¡Juro que no quería que lo mataran!
Coronel Aponte.
¡Por Dios! ¡Todavía están a tiempo de desistir! ¡Puedo detenerlos!
NARRADOR.
Nadie estaba seguro de nada, y sin embargo todos lo sabían.
NARRADOR.
Santiago Nasar frente a la puerta, bocabajo en el polvo, tratando de levantarse de su propia sangre.
Se incorporó de medio lado y se echo a andar en un estado de alucinación.Santiago, hijo —le gritó—, qué te pasa!
Santiago Nasar la reconoció.
—Que me mataron, niña Wene —dijo.
Tropezó en el último escalón, pero se incorporó de inmediato
sosteniendo sus restos entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina. Fue asi el final.
COMENTARIOS.
Diálogo del grupo sobre la escena presentada.
Perla.
¿No te parece extraño que todos supieran lo que iba a pasar y nadie hiciera nada?
Pablo
Sí, y lo más trágico es que Santiago ni siquiera sabía lo que le esperaba.
Carlos.
Es como si la muerte de Santiago Nasar fuera un espectáculo del que todos eran cómplices.
Perla.
Exacto. La gente se quedó mirando, como si la tragedia fuera inevitable.
Pablo
Pero, ¿por qué nadie intervino? ¿Acaso la honra de Ángela era más importante que una vida?
Carlos.
La presión social puede ser abrumadora. La tradición pesa más que la razón.
Pablo
Es un ciclo vicioso. La venganza se convierte en un deber moral.
Carlos.
Y al final, todos se convierten en jueces y verdugos al mismo tiempo.
Perla.
Es inquietante pensar que la vida de alguien puede ser sacrificada por un código de honor.
Pablo
Una historia que nos recuerda que a veces, el silencio es más mortal que un cuchillo.