Al atardecer de aquel día,... se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
«La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los
discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con
vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre
ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados,
les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». (Jn 20,19-23).
Él nos libró del poder de las tinieblas y nos
trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón
de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la
creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la
tierra,… , pues Dios tuvo a bien
hacer residir en él toda la Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las
cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en
los cielos. Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis extraños y enemigos, por
vuestros pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora, por medio de la
muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e
irreprensibles delante de Él; con tal que permanezcáis sólidamente cimentados
en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que
ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he
llegado a ser ministro. (Col. 1,13-23).
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno
peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es
víctima de propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino
también por los del mundo entero. (1 Jn 2
1-2).
Cristo, confió el ejercicio del poder de absolución “al
ministerio apostólico, que está encargado del sacramento de la
reconciliación" (2 Co 5,18)
(CIC 1442).
«Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo:
"Me arrepiento", le perdonarás». (Lc 17,3-4)
Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo
que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele
Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». (Mt
18,21-22).