Además del daño físico y emocional que provoca la violencia, quienes viven en esas condiciones corren el riesgo de aprender a reaccionar con violencia, acostumbrarse a ella y a creer que es parte de la vida diaria ser maltratado, ofender a los demás o hacerles daño.
Si se aprende a reaccionar con violencia, también se puede aprender a convivir de manera respetuosa y a resolver los conflictos utilizando el diálogo. Un primer paso para prevenir y manejar la violencia es aprender a reconocerla y comprender que nadie debe maltratar ni ser maltratado.