Relier Pairs Popol VuhVersion en ligne Literatura Indígena par Rodolfo Sánchez 1 2 El sapo burlado –¿A dónde vas?, le dijo el sapo Tamazul al piojo. –Llevó un mandado en mi vientre, voy a buscar a los muchachos, le contestó el piojo al Tamazul. –Está bien, pero veo que no te das prisa, le dijo el sapo al piojo. ¿No quieres que te trague? Ya verás cómo corro yo y así llegaremos rápidamente. –Muy bien, le contestó el piojo al sapo. Enseguida se lo tragó el sapo. Y el sapo caminó mucho tiempo, sin apresurarse. Luego encontró a su vez una gran culebra, que se llamaba Zaquicaz. –¿A dónde vas, joven Tamazul?, díjole al sapo Zaquicaz. –Voy de mensajero, llevó un mandado en mi vientre, le dijo el sapo a la culebra. –Veo que no caminas aprisa. ¿No llegaré yo más pronto?, le dijo la culebra al sapo. –¡Ven acá!, contestó. Enseguida Zaquicaz se tragó al sapo. Y desde entonces fue esta la comida de las culebras, que todavía hoy se tragan a los sapos. Iba caminando aprisa la culebra y habiéndola encontrado el Vac, o gavilán, al instante se tragó el gavilán a la culebra. Poco después llegó al juego de pelota donde estaban los muchachos. –Traigo un mensaje en mi vientre, dijo el gavilán a los muchachos. –Habla pues, respondieron al gavilán. Y en seguida vomitó una gran culebra. –Habla tú, le dijeron a la culebra. –Bueno, dijo ésta y vomitó al sapo. –¿Dónde está tu mandado que anunciabas?, le dijeron al sapo. –Aquí está el mandado en mi vientre, contestó el sapo. Y en seguida hizo esfuerzos, pero no pudo vomitar. –El piojo estaba pegado a los dientes del sapo; en la boca se había quedado, no lo había tragado, sólo había hecho como que se lo tragaba. Así quedó burlado el sapo, y no se conoce la clase de comida que le dan; no puede correr y se volvió comida de culebras. (De la Segunda Parte, capítulo VI y capítulo VII, del Popol Vuh: Las Antiguas Historias del Quiché) 3 4 Prisiones divinas Muchos eran los castigos que tenían en Xibalbá, el Infierno: El primero era aquella Casa Oscura, donde no había más que tinieblas. El segundo era Casa donde Tiritaban porque era mucho el frío que allí hacía. El tercero era la Casa de los Tigres, donde había sólo de estos animales y tantos eran que se estrujaban unos con otros. El cuarto era la Casa de los Murciélagos, donde había infinitos de estos animales que volaban y chillaban. El quinto era la Casa de las Navajas de Chay, de Obsidiana, muy agudas y afiladas que rechinaban unas con otras. 5 Las tres colas Hunahpú e Ixbalanqué querían castigar a los pequeños y grandes animales que arruinaban su trabajo en la milpa y en el bosque, así, recatándose en la sombra, vieron cómo los animales se iban acercando. Eran los primeros el león y el tigre, y quisieron cogerlos, pero no se dejaron. Luego se acercaron al venado y al conejo y sólo les pudieron coger las colas, solamente se las arrancaron. La cola del venado les quedó entre las manos y por esta razón el venado y el conejo llevan cortas las colas. Por último, llegó otro dando saltos al llegar, y a éste, que era el ratón, al instante lo atraparon y lo envolvieron en un paño. Y luego que lo cogieron, le apretaron la cabeza y lo quisieron ahogar, y le quemaron la cola en el fuego, de donde viene que la cola del ratón no tiene pelo. El castigo de dios Los adivinos echaron sus suertes con maíz y granos de tzité, el frijol rojo del pito, y dijeron: –“!Ea, Sol! ¡Ea, Luna!, Júntense y declaren si sería conveniente que el Creador forme al hombre de madera y si es éste el que ha de ser sustentado después de ser formado. ¡Ea, habla Maíz! ¡Ea, habla tú, Tzité; tú, Sol; tú, Formadura! ¡Ea, Maíz! ¡Ea, Tzité!” Y respondiendo el maíz y el tzité dijeron la verdad de éste modo: –“Hacedlo así, que así estará bien y hablará la madera en labrando al hombre de ella.” Al punto fue hecha de madera la imagen del hombre; se multiplicaron y tuvieron hijos e hijas pero salieron tontos, sin corazón ni entendimiento. Anduvieron sobre la tierra sin acordarse del Corazón del Cielo. No tenían agilidad en los pies y las manos estaban sin sangre ni humedad, tenían secas y pálidas sus mejillas, los pies amarillos y macilenta su carne. Multiplicándose los hombres de madera sobre la tierra llegaron a ser muchos. Entonces el hombre fue castigado por el Corazón del Cielo. Cayó un gran diluvio de resina y brea del cielo que los acabó y consumió. Y viniendo el pájaro Xecotcovach, les sacó los ojos; otro que se llamaba Camalotz les cortó la cabeza; el animal llamado Cotzbalam les quebrantó los huesos y los nervios y los hizo harina. Todo esto fue en castigo y pena de haberse olvidado de sus Madres y Padres. [...] Y así fueron destruidos todos estos hombres quedando sólo las señales de ellos, los micos que andan ahora por los montes. Por eso es que Coy, el Mico, se parece al hombre. El honor maya Regresó la doncella a su casa y concibió, con sólo aquella saliva, dos muchachos que fueron Hunahpú e Ixbalanqué. Pasados seis meses reparó Cuchumaquic en su hija y juntando a consejo a todos los ahauab, les dijo: –“Esta mi hija ha procedido con deshonestidad.” El tribunal la condenó a que la llevarán lejos y le quitaran la vida, aunque ella dijo: –“Padre y Señor mío, no he conocido varón.” Cuchumaquic no creyó en las razones de su hija por lo que llamó a los cuatro Ahauab Tucur, los cuatro Señores Tecolotes, y les dijo: –“Tomad esta mi hija que ha sido deshonesta, sacrificadla y traed su corazón en una jícara.” Los mensajeros tomaron una jícara y llevaron una cuchilla aguda para abrir a la doncella. (Anónimo indígena Maya. Popol Vuh, s. XVIII, versión de Albertina Sarabia E.)