En la iconografía cristiana, el cordero lleva la imagen del Hombre cuyo profeta es un pastor, pero también puede igualmente referirse a Jesús, el Cordero de Dios (en latín Agnus Dei), cuyo sacrificio quita el pecado del mundo. En las representaciones de Adán y Eva después de su caída, la presencia de un cordero recuerda que el pecado original fue redimido por Jesucristo, el Cordero de Dios. Las ilustraciones del sacrificio de Abel le muestran, a veces, llevando un cordero en sus hombros.