Ante todo recomiendo que se hagan plegarias,
oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres. Esto es bueno
y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y
también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre
también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. (1 Tim 2,
1.3-6a).
«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con
vosotros todos los días hasta el fin del mundo». (Mt 28, 19-20).
Dios «quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4), es decir, de
Jesucristo. Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los hombres,
según su propio mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,
19). Esto se lleva a cabo mediante la Tradición Apostólica. (CCIC 11). Por tanto la divina revelación, o
develamiento de Dios, se trasmite por medio de la Tradición Apostólica.
La Tradición Apostólica es la transmisión del
mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la
predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados.
Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos,
a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían
recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo. (CCIC 12).
Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de
gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el
Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a
una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Me
he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. (1Cor 9,16-17.22b).
Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una
fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y
también del griego. (Rm 1,16).