La misión de la
Iglesia es la de anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios
inaugurado por Jesucristo. La Iglesia es el germen e inicio sobre la tierra de
este Reino de salvación. (CCIC
150). La Iglesia es
sacramento universal de salvación en cuanto es signo e instrumento de la
reconciliación y la comunión de toda la humanidad con Dios, así como de la
unidad de todo el género humano. (CCIC
152).
La Iglesia es el Pueblo de
Dios porque Él quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino
constituyéndolos en un solo pueblo, reunido en la unidad del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo. (CCIC 153).
El Pueblo de Dios
participa del oficio sacerdotal de Cristo en cuanto los bautizados son
consagrados por el Espíritu Santo para ofrecer sacrificios espirituales;
participa de su oficio profético cuando, con el sentido sobrenatural de
la fe, se adhiere indefectiblemente a ella, la profundiza y la testimonia;
participa de su función regia con el servicio, imitando a Jesucristo,
quien siendo rey del universo, se hizo siervo de todos, sobre todo de los
pobres y los que sufren. (CCIC
155).
La
única Iglesia de Cristo, como sociedad constituida y organizada en el mundo,
subsiste (subsistit in) en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor
de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sólo por medio de ella se puede
obtener la plenitud de los medios de salvación, puesto que el Señor ha confiado
todos los bienes de la Nueva Alianza únicamente al colegio apostólico, cuya
cabeza es Pedro. (CCIC 162).
Toda salvación viene de
Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden
salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria
para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias
a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que,
…, buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en
cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia. (CCIC 171).