Como
puede apreciarse, estas unidades de medida eran accesibles a todo el mundo, sin
embargo, pronto surgieron inconvenientes ya que la medida del pie, el largo del
brazo, etcétera, suelen variar de persona a persona.
Poco a
poco se hizo evidente la necesidad de contar con patrones de medida, constantes
e invariables.
Surge
así en Inglaterra en el siglo XIV, con el rey Eduardo I, el primer patrón fijo
de medida llamado Ulna, el mismo nombre que un hueso del antebrazo (pero no del
mismo tamaño). La medida se reprodujo en una barra de hierro y se determinaron subdivisiones
de esta medida oficial estableciendo al pie como la tercera parte de una ulna y
la pulgada como una treintaiseisava parte.